Los confesonarios

Vino a verme al santuario Pedro, un alumno mío al que di clases de Humanismo cívico hace unos años en la Universidad San Jorge de Zaragoza y ahora buen amigo.

-“¿Sigues siendo ateo?”, le pregunté como hago siempre que volvemos a vernos.

-“Por supuesto -me contestó-. Pienso las cosas que me dices pero no me convencen…”.

Como Pedro está bautizado, le digo que su fe está dormida pero no muerta, que puede revivir si pone los medios.

-“Pues de momento no quiero ponerlos. Oye, cuando te dije que venía me prometiste enseñar el lugar donde más secretos hay en Torreciudad. Me pica la curiosidad…”.

-“Sí, hoy voy a enseñarte el sitio del santuario en el que se producen los verdaderos secretos, los que nadie conoce. Cientos, miles a lo largo del año”.

-“Eso promete, tengo una hora”.

Le llevé a la cripta del templo, donde están las capillas dedicadas a la Virgen de Guadalupe, a Nuestra Señora del Pilar y a la Virgen de Loreto. Ahí se ubican los confesonarios (o confesionarios, que se puede decir de las dos maneras), que se distribuyen entre las tres capillas y ocupan las paredes.

-“¿Aquí? -preguntó con extrañeza-. No lo entiendo”.

-“Vamos poco a poco. En estas capillas hay cuarenta confesonarios, tal y como indicó san Josemaría Escrivá al arquitecto”.

-“Y ¿se emplean todos?”.

-“Depende de la afluencia de peregrinos, como es lógico. Todos están preparados, eso sí, y siempre hay como mínimo un sacerdote disponible en cualquier momento en que el santuario esté abierto”.

-“Nunca he visto un confesonario por dentro…”.

Confesonario en Torreciudad

Confesonario

-“Mira, aquí fuera hay una luz verde y otra roja. El sacerdote deja encendida la que corresponda, según esté libre u ocupado. También hay un letrero con su nombre, y los idiomas en los que puede confesar. El confesonario se divide en dos cuartitos, el del sacerdote (al que se le llama confesor cuando confiesa, como la misma palabra indica) y el de la persona que se va a confesar (que se le llama penitente porque va a recibir el sacramento de la Penitencia o confesión). Ambos espacios están separados por una pared, y en el centro de la pared hay una rejilla doble que permite escuchar en ambos sentidos pero no ver”.

Lugar del penitente - confesonario en Torreciudad

Lugar del penitente

-“Y eso ¿para qué?”.

-“Para garantizar la confidencialidad. El sacerdote no tiene por qué saber ni quién eres ni cómo eres. Tú entras y te confiesas sin necesidad de mostrar tu identidad. Además, cuando se cierran las puertas con cristalera de ambos espacios no se oye nada fuera, porque todo está insonorizado. Eso asegura que nadie en el exterior puede oír lo que dices en la confesión”.

-“Mira, eso está bien pensado…”.

Lugar del sacerdote - confesonario en Torreciudad

Lugar del sacerdote

-“Ves, el sacerdote en su cuartito dispone de un sillón, una pequeña mesa y una lámpara para poder leer mientras espera que lleguen nuevos penitentes. Y la persona que se confiesa tiene un reclinatorio donde se pone de rodillas para confesarse, porque está reconociendo sus pecados”.

-“¿Y si no puede arrodillarse?”.

-“Eso pasa algunas veces, le facilitamos una silla, hombre… Encima del reclinatorio tiene un texto que le puede ayudar a confesarse bien, que incluye las palabras con las que puede contestar a las oraciones con las que el sacerdote administra (se emplea este verbo) el sacramento”.

-“Y el cura, ¿no va contando luego lo que le dice aquí la gente?”.

-“No, tiene una obligación gravísima de guardar un silencio absoluto respecto a lo que oiga en confesión. Este secreto se llama “sigilo sacramental”, y es conocida la fidelidad con la que los sacerdotes católicos a lo largo de los siglos lo han respetado, incluso aquellos que fueron indignos de ese nombre. El que se confiesa puede estar tranquilo Por eso te decía que en este lugar es donde nacen los verdaderos secretos de Torreciudad”.

-“Pues yo nunca me he confesado…”.
-“No sabes el gozo interior que siente el alma que se sabe perdonada por Dios, porque eso es lo que sucede realmente cuando uno se confiesa. Por eso también se le ha llamado el sacramento de la alegría”.

-“Y tú esperas que dé ese paso, claro…”.

-“Yo espero muchas cosas. Pero tú actúa siempre en conciencia…”.

* * *

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Categorías: Secretos pequeños | 9 comentarios

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9 pensamientos en “Los confesonarios

  1. Simón GV

    He leído que das como sinónimos confesonario y confesionario. Si hemos de ser puristas del idioma (a mí me gusta serlo por la riqueza que te proporciona y porque ayuda a esclarecer las ideas), confesonario es el mueble (sede, ámbito, sitio…) donde se administra el sacramento, mientras que confesionario es el manual destinado a los sacerdotes que enseña a confesar. También se llama confesionario a una relación de confesiones.
    Por cierto, hace años que, en mis viajes, fotografío todo confesonario que me sale al paso. Llevo almacenados ya varios miles… algunos verdaderas obras de arte. El modelo Torreciudad también está en mi colección.

    • Hola, Simón. Gracias por la aportación, no la sabía. En efecto, la Real Academia admite el uso indistinto de las palabras como sinónimas, pero el matiz es que “confesionario” para referirse al mueble o lugar donde un fiel se confiesa es un equivalente impropio.
      Espero que utilices alguno de vez en cuando, es muy bueno para el alma… 🙂

      Un cordial saludo.

  2. roberto pac sa

    Amigo Jose Alfonso, hoy te he visto en TV, y he descubierto tu sencillez en una gran obra. Me ha impresionado tu blog, ya que cuentas las dudas de muchos con terminos sencillos y llenos de juicios y valores desde la perspectiva popular no faltos de verdad.
    Sigue adelante.
    Roberto Pac

  3. Mercedes Santisteban

    La confesion es el Sacramento de la Gracia y el confesionario es el Trono de la Gracia! Debemos confesarnos cada 15 ds. por lo menos! o cuando se esta en pecado grave!

    • Sí, Mercedes, así es, pero tenemos que esforzarnos para que las personas que no lo hacen, gracias a nuestra oración y nuestro cariño, se animen a recibir este abrazo amoroso de Dios. Un cordial saludo.

  4. Aquí encontrarás una alegría que ya nadie podrá quitarte.

  5. Aquí no has puesto publicidad. Yo habría puesto de lejía. Bueno, no, que es muy fuerte. Pero si de esos detergentes suaves suaves, que dejan la ropa limpísima: más limpia que la de la vecina!!

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