“En Torreciudad adoráis a la Virgen”

Tengo varios amigos que son cristianos evangélicos. Son buenas personas, procuran vivir en su vida con lo que creen, aman a Dios… pero están equivocados.

-“¡Los que estáis equivocados sois vosotros! -me dicen siempre-, os habéis inventado cosas que no aparecen en la Biblia”. Y así empezamos nuestras “discusiones” teológicas que acabamos con una sonrisa y un apretón de manos. Yo trato de hacerles ver que, a pesar de todo, es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Eso lo reconocen, pero son muy celosos de dejar claro lo que nos separa.

Para la sensibilidad religiosa de un evangélico, Torreciudad es un lugar de contrastes. No pueden negar que los peregrinos vienen con buena intención a mostrar su amor a Dios y que viven la fe en Jesús, el Hijo de Dios. Pero la devoción a la Virgen y el culto a los santos les produce una fuerte inquietud interior.

Galeria de advocaciones marianas en Torreciudad

Galeria de advocaciones marianas en Torreciudad

-“Pues aquí tenemos más de trescientas imágenes en la galería de advocaciones marianas, lo que te faltaba por ver”, le decía yo a uno de ellos, Eduardo, que vino a verme. Durante algunos años trabajamos juntos en la misma empresa y nos tenemos un gran aprecio mutuo. Como buen aragonés, es muy cabezón, de hecho casi tanto como yo (lo cual es bastante difícil).

Él siempre me reprocha: “vosotros adoráis a la Virgen, y eso es idolatría, adorar a un ser humano, y Dios no lo puede admitir”.

-“Mira, Eduardo, los católicos solo adoramos a Dios, como vosotros. A María la veneramos con el título de “Madre de Dios” que es distinto. María no es una diosa sino una Madre a la que queremos mucho, como los buenos hijos quieren mucho a sus madres. Y la honramos con alabanzas, con cantos, con flores, porque son maneras muy humanas de expresar el amor”.

-“Pero, ¿por qué le dais tanta importancia? Fue una mujer normal…”.

-“Vosotros también creéis que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero Hombre, por tanto, tiene una dignidad infinita. ¿No crees que esa dignidad infinita pide, al hacerse hombre, una madre extraordinaria, una mujer ‘llena de gracia’, como la llama el arcángel Gabriel? ¿No te choca que Jesús pudiera nacer de una mujer que tuviera el pecado original? Por eso Dios preservó a María de ese pecado, por eso es Inmaculada, para estar a la altura de su misión”.

Procesión con la Virgen de Torreciudad

Procesión con la Virgen de Torreciudad

-“Y, ¿por qué la llamáis ‘Madre de Dios’? Fue madre de Jesús nada más…”.

-“Tu madre te dio a luz, aunque tu alma no fue “producida” por tus padres. Y sin embargo, nadie duda de que ella era íntegramente tu madre, no de una parte de ti sino de Eduardo entero. Con María pasa algo parecido: concibió y dio a luz a Jesús como hombre (por obra del Espiritu Santo), pero fue verdaderamente madre de Jesús. Y (aquí está lo importante), como Jesús era Dios, María es verdaderamente ‘Madre de Dios’. En realidad, este razonamiento no es solo para ensalzar a María, sino para confesar la divinidad de Jesús y la maternidad divina de María.

-“Bueno, pero cumplió su función y ya está”.

-“No terminó, la sigue cumpliendo. No sólo fue elegida para ser Madre de Dios sino también madre nuestra. Eso le dijo Jesús a Juan en la cruz: ‘Ahí tienes a tu madre’, y en Juan estábamos todos”.

-“El único mediador es Cristo, no sirve la oración de petición con María”.

-“No dirían los mismo los esposos de las bodas de Caná, si no llega a ser por Ella que intercedió delante de su Hijo… Él ha querido concedernos sus gracias por su mediación. La suya es una mediación ‘participada’, dicen los teólogos: participa de la mediación universal de Jesucristo, por sí misma nada podría”.

-“Con eso se distrae al creyente de la fe en Cristo”.

-“No, en los oídos de los católicos siempre resuenan las palabras de María en las bodas de Caná dirigidas a aquellos servidores (y en esos servidores estábamos todos): ‘Haced lo que Él os diga’. María siempre lleva a Jesús”.

Jesús en las rodillas de la Virgen de Torreciudad

La Virgen muestra a Jesús

Nunca he convencido a mi amigo Eduardo, pero me reconoce que antes tenía una visión bastante irracional del culto católico a la Virgen María, y ahora se da cuenta de que tiene sus fundamentos… Como gustan tanto de citar la Escritura, en esos momentos no se enfada cuando le digo, como el Señor a aquel escriba, ‘No estás lejos del Reino de Dios’.

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